“El barro de Pereruela cambia el sabor de la comida. Es por lo que tiene tanta fama. Este barro es único … ya sabes, el caolín (barro blanco) y la mica …”, comenta orgullosa Eladia Rivera, ahora jubilada, pero que junto a su marido Afelio Garrote ha dedicado más de 30 años a su negocio de alfarería en Pereruela; una localidad situada a unos quince kilómetros de Zamora. Una pequeña empresa familiar, “Alfareria la Fábrica”, que ahora regentan sus dos hijas. Pioneros A un lado y a otro de la carretera, cuando ya tenemos a la vista el panel que anuncia la entrada a la localidad, empezamos a reparar en los primeros establecimientos dedicados a la venta de cacharros de alfarería. «La Fábrica” es uno de esos negocios, aunque, puntualiza Eladia, ellos fueron “los pioneros”. “Se estaba acabando la alfarería en Pereruela. Esto se moría y sólo quedaban tres alfareros. Fue idea de mi marido y mi cuñado -Agustín Garrote-, que aunque no eran alfareros -sus padres habían tenido un bar- contrataron a algunas mujeres y enseñaron a la gente joven. Fuimos los primeros que tuvimos trabajadores. Esto funcionó y entonces los hijos de los alfareros también empezaron a hacer sus naves”. Negocios que ahora se ven a las afueras del municipio. Ahora, en la alfarería “La Fábrica” trabajan siete mujeres y tres hombres. Todo se hace a mano. Las cajas y las etiquetas. Antiguamente, cuenta Afelio, se hacían tres tamaños de cazuelas. Se llamaban “tres en caja”, y el comerciante “tenía que llevarse las tres”. En la alfarería, Garrote cambió la forma de vender y la forma de hacer las piezas, variando los tamaños y el empaquetado. “Antiguamente se envolvían en bayones – raíces que se criaban en las riberas del rio – que las mujeres cortaban. A las cazuelas se les metía algún periódico, por si acaso. Aquí nunca había habido una caja hasta que nosotros empezamos a usarlas. Pusimos también las pegatinas y garantizamos las piezas”, explica. La alfarería, un saber de mujeres. Aunque algunas voces como la de Ramón Manuel Carnero apuntan a que se ha mitificado “en exceso” la atribución “exclusiva de la hechura de esta alfarería a las mujeres” y que éste no es trabajo “exclusivamente femenino”, lo cierto es que Eladia insiste en que ésta sigue siendo “una profesión de mujeres”. Ambos nos cuentan que antaño “había que ir con los burros a vender. Era muy esclavo. Se trabajaba de rodillas. Las mujeres de los alfareros, que hacían dos o tres cazeuelas a ratos, iban a Las Barreras – zona comunal – con un cesto a las espaldas, a buscar el barro”....
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